divendres, 5 de desembre de 2014

Una aventura ambiciosa y peligrosa

El verano de la escuela de verano, vino cargado de sorpresas, por los niños grandes, los medianos y por uno bastante más pequeño.

Llegó a mis manos una pulguita pequeña de 3 añitos y medio que no paraba de moverse y costaba entenderlo al hablar. La mamá venía preocupada buscando una nueva profesional que le diera un nuevo enfoque a la estimulación de su retoño. Yo acepté y comencé la aventura, no sin dudas o miedo, pero esto creo que es algo que nunca se desprende de la práctica docente, si realmente quieres hacerlo lo mejor que puedas.

Así, que en la 3ª semana de julio nos pusimos manos a la obra y las cosas eran más complicadas de lo que parecían. la inquietud y falta de atención eran
muy acentuadas y al final acababa peleando más que trabajando. A todo eso había que añadir que el niño  estaba en una fase probona conmigo y amenazaba con meterse a la boca, objetos que podía tragar y serían peligrosos. A punto estuve de tirar la toalla.

Ahora agradezco a mi cabezonería, aceptar el pulso al niño. Yo creo que por eso ahora me quiere tanto, porque quiso jugar a ver quién aguantaba más y nunca me rendí =). A todo esto, la madre, una chica muy luchadora y comprensiva, me brindó su total confianza y apoyo. Lo que me dió fuerzas también para seguir.

Comenzamos con estimulaciones muy sencillas que nos daban de una asociación de varias áreas (cognitiva, motora, lógica, verbal, etc) pero yo... no estaba convencida. El niño era capaz de más, estar con eso era perder el tiempo así que hacía estos ejercicios y combinaba con otros más complejos que le supusieran retos mediante el juego. Después, empezó en un especialista que nunca lo había oído como tal, un psicomotricista, y no com una persona que ha hecho la carrera de INEF o Magisterio de EF, sino un especialista en cada patrón de movimiento y en cada etapa de desarrollo.

Total, que nos embarcamos juntos en esta aventura, El especialista nos mandaba ejercicios para casa. Yo hacía los de manos y faciales y la mamá hacía el resto (suelo, parque, etc) Así, formamos un equipo muy cercano e incluso disfrutamos de alguna que otra jornada de playa o parque juntos los 3.
Todo empezó a cambiar, el niño pegó un cambio tremendo, aumentó en atención, en equilibrio y en habla. Su comportamiento ya era otra cosa y trabajábamos mucho mejor juntos, la fase del probar límites se había relajado (No sólo iba al psicomotricista, también le atendía una logopeda y tenía unas horas de natación).

Durante ese primer año, aprendí mucho sobre psicomotricidad infantil, posturas y patrones motores. Asistimos a charlas de nuevas pedagogías, conferencias de educación juntas. Descubriendo otras formas de comprender la educación fuera de este asfixiante sistema educativo como la pedagogía waldorf o la crianza natural.

 Este sería el principio del comienzo, pero esto.... os lo explicaré en la siguiente entrada ;)

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